Fortunato Benaím, vitalidad y gratitud para el impulsar la medicina del quemado en Argentina

El primer cirujano en realizar injerto de piel en el país marcó un antes y un después para los pacientes que sufren quemaduras. Hoy, con 100 años, no deja de sorprender por su alta actividad y su espíritu emprender. Su historia.

Fortunato Benaím, vitalidad y gratitud para el impulsar la medicina del quemado en Argentina

“Doctor Benaím, ocúpese de los quemados". Todo comenzó con la frase del jefe del servicio. En 1948, cuando Fortunato Benaím se encontraba trabajando como cirujano en el Hospital Argerich, una familia de La Boca sufrió un grave incendio. Al llegar a la guardia, no había quien los atendiera. La oportuna frase de su jefe invitó a, para en aquel entonces joven Benaím, a insertarse en una especialidad de la medicina poco investigada. Es hasta el día de hoy, que el hijo de ese paciente, le sigue agradeciendo por lo que hizo por su padre.

Benaím nació en la localidad de Mercedes, provincia de Buenos Aires, el 18 de octubre de 1919. Hijo de un comerciante y una ama de casa, realizó el secundario en el Colegio Nacional de su ciudad y luego se anotó en la carrera de Medicina de la UBA (junto con su hermano, José), donde más tarde se dedicaría a la neurocirugía. "Mi otro hermano es ingeniero dedicado al mantenimiento hospitalario. Parece que había una especie de predilección familiar por el tema de la salud", contaba en una entrevista.

Luego de ese primer desafío, que lo marcaría para el resto de su vida, lo invitó a seguir estudiando e indagando en la especialidad. Él fue quien realizó el primer injerto de piel, donde según relata, necesitaba un aparato llamado "dermatomo" y, al no estar en el hospital, lo compró a medias con el paciente por 500 pesos, precio de esa época. Luego de ganarse una beca para estudiar a los Estados Unidos, volvió para convertirse director del Instituto del Quemado que estuvo a cargo durante 28 años.

La vocación cómo impulso

Fue la propia vocación de servicio lo que llevó al cirujano argentino a seguir aprendiendo y a impulsar cambios dentro de su especialidad, por más obstáculo que se le presentaran. Luego de su paso por EE.UU., la dirección del Instituto del Quemado abrió un concurso médico en el país luego de la llamada Revolución Libertadora. En la misma solamente permitían inscribirse a los que tuvieran por lo menos nueve años y 6 meses de antigüedad. Para ese entonces, él tenía nueve años y 7 meses y tuvo que competir con otros 25 médicos que se presentaron, algunos con 25 años de antigüedad. Finalmente, como él ya había publicado su tesis con un premio de la Asociación de Cirugía y había creado el primer centro del quemado en el Hospital Argerich y el jurado lo eligió por unanimidad.

Esta fuerte vocación, del doctor argentino, viene acompañada por otros valores que son fundamentales para el éxito y la consecución de objetivos en la vida de todo emprendedor, sea cual sea el sector donde trabaje: “Hay cinco condiciones importantísimas: vocación, oportunidad, dedicación, esfuerzo y continuidad. Las condiciones pueda darlas la naturaleza o Dios, pero hay que esforzarse, y cotidianamente", sostuvo en una entrevista. Benaím se convierte en un ejemplo de perseverancia, estudio e impulsor de cambio en una especialidad poco conocida, explotada o incluso trabajada. Sus años como director del Instituto del Quemado trabajó incesantemente para promover la introducción de nuevas técnicas, los avances científicos de su especialidad y formar a decenas de discípulos.

Nunca dejar de emprender

La jubilación no frenó de ninguna manera al cirujano que siguió trabajando, emprendiendo, enseñando y marcando la historia de la medicina del quemado. "Sabía que tendría que retirarme y me dije: no puedo seguir sin hacer nada. Por otro lado, había tanto por explorar y trabajar en el tema quemaduras” contaba el propio Benaím que, en 1981, creó la fundación que lleva su nombre para propulsar y estimular la asistencia, la prevención, la docencia y la investigación. Fue así como continuó creando y emprendiendo en la materia: puso en marcha el primer banco de piel y el primer laboratorio para cultivo de piel; en 1997, por un convenio con el Hospital Alemán, la Fundación del Quemado se hizo cargo del cuarto piso de la torre Pueyrredón, que estaba sin terminar y creó el Cepaq (Centro de excelencia para asistencia de quemaduras), con la ocupación de un equipamiento especializado.

Y aun así, con 100 años, Fortunato Benaím no para de creer, crear y movilizarse por el bien de la medicina. En la actualidad, tiene nuevos proyectos en marcha. La primera, desarrollar una red asistencial en todo el país para que el paciente de cualquier pueblo o ciudad pueda acceder a atención de excelencia; la segunda crear una maestría en quemaduras y fundar una beca latinoamericana para que jóvenes profesionales puedan entrenarse en centros de otros países y, por último, hacer un estudio epidemiológico de quemaduras en el país.

Siendo una de sus frases cabeceras, "nunca cansarse de volver a empezar", la vitalidad, la gratitud y el movimiento hacen al cirujano un estandarte y ejemplo para todo emprendedor de vida.

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