El estilo de liderazgo tiene una influencia directa en el desempeño y la motivación del equipo. Un liderazgo ineficaz puede frenar la innovación, generar desmotivación y, a largo plazo, afectar la salud de la empresa. El psicólogo Daniel Goleman identificó seis estilos de liderazgo basados en distintos tipos de inteligencia emocional:
Cada estilo puede ser útil según la situación, pero hay dos que, si se aplican de manera constante o sin equilibrio, pueden ser perjudiciales para el negocio: el pacesetter y el coercitivo.
Este liderazgo se basa en “predicar con el ejemplo”. La persona líder fija estándares altos de desempeño, exige resultados rápidos y tiende a involucrarse directamente en cada tarea. A primera vista, parece un enfoque inspirador. Sin embargo, Goleman advierte que este estilo puede tener efectos contraproducentes:
En el corto plazo, el equipo puede responder al ritmo intenso. Pero a largo plazo, la moral se resiente, el compromiso cae y la productividad se ve afectada.
Este tipo de liderazgo se caracteriza por una comunicación vertical y órdenes claras: se indica qué hacer y cómo hacerlo. Aunque puede ser útil en crisis o situaciones que requieren acción inmediata, usado de manera prolongada puede derivar en un entorno rígido y desmotivante. Entre sus efectos más comunes: Se inhiben las nuevas ideas y la creatividad. Disminuye la flexibilidad y la iniciativa individual. Se genera miedo a equivocarse. Las personas dejan de sentirse responsables por los resultados. Como señala Goleman, este estilo puede llevar a que el equipo pierda sentido de pertenencia y compromiso, afectando la capacidad de innovación y los resultados a largo plazo.
Liderar no se trata de imponer ni de exigir más, sino de inspirar, acompañar y adaptarse. Estos tres pasos pueden ayudarte a mantener un liderazgo efectivo y saludable:
El liderazgo directivo o de ritmo puede ser útil en momentos puntuales —como una crisis o un cambio urgente—, pero debe equilibrarse con empatía y escucha. Mostrá interés genuino por tu equipo: conocé sus desafíos, celebrá logros y reconocé su esfuerzo. Pequeños gestos humanos fortalecen la confianza.
El miedo puede ser un obstáculo silencioso. Fomentá un entorno donde las personas se sientan seguras para expresar ideas, cuestionar procesos y aprender del error. Sustituí la culpa por el aprendizaje y promové conversaciones abiertas.
Algunas prácticas efectivas:
Un liderazgo que no escucha puede frenar la innovación. En un entorno cada vez más complejo, las mejores soluciones surgen de la colaboración y la diversidad de perspectivas. Fomentá espacios donde todas las voces sean escuchadas. Como decía Warren Bennis, “ninguno de nosotros es tan inteligente como todos nosotros”.
El liderazgo no es una fórmula única: es una herramienta estratégica que debe adaptarse a cada equipo, contexto y objetivo. Las personas líderes más efectivas entienden sus fortalezas, reconocen sus debilidades y ajustan su estilo según las circunstancias.
En síntesis:
Liderar bien no es imponer un ritmo ni ejercer control; es generar las condiciones para que las personas den lo mejor de sí.